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Diversos estudios científicos han demostrado que la alimentación determina el grado de agresividad de las personas.

 

Diversas pruebas clínicas realizadas en el Reino Unido y en Estados Unidos han demostrado que la deficiencia nutricional de ácidos grasos Omega 3 propicia comportamientos violentos y depresión y que, por el contrario, prisioneros sometidos a un cambio en su alimentación en la que se incluyeron estos ácidos grasos variaron notablemente sus conductas, volviéndose menos agresivos.

 

 

 

 

Presos menos agresivos

Expertos como Joseph Hibbeln, del National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism de Bethesda, en Estados Unidos, escriben en un artículo publicado en la International Review of Psychiatry, que las deficiencias tempranas de Ácido Eicosapentaenoico (EPA) y Ácido Docosahexanoico (tipos de ácidos grasos Omega-3), podrían disminuir los niveles de serotonina del cerebro en periodos críticos del desarrollo neurológico, provocando una evolución deficiente de los sistemas de neurotransmisión cerebrales, y limitando el funcionamiento óptimo del sistema límbico y del córtex frontal del cerebro.
 
Las investigaciones realizadas en Estados Unidos y el Reino Unido se hicieron con delincuentes que fueron sometidos a un cambio en su dieta con el fin de comprobar si los nutrientes que consumían podían tener alguna relación con sus actitudes agresivas. 
 
Investigadores del National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism, que forma parte del National Institute of Health norteamericano, pusieron anuncios para alcohólicos agresivos en el Washington Post en el año 2001. 
 
Unos 80 voluntarios acudieron a la llamada, se sometieron a un periodo de desintoxicación de tres semanas y después, a la mitad de ellos, elegidos aleatoriamente, se le suministraron dos gramos al día de ácidos grasos Omega-3 (EPA y DHA) durante tres meses, mientras que al resto se les dieron placebos. Esta prueba, casi terminada, ha demostrado que los voluntarios que realmente tomaron los ácidos grasos esenciales cambiaron de actitud en mayor medida que los que consumieron el placebo.
 
En el Reino Unido, otro estudio llevado a cabo en una prisión de alta seguridad para jóvenes delincuentes, demostró que los comportamientos violentos podían ser atribuibles, al menos en parte, a deficiencias nutricionales. 
 
La prueba se realizó en la prisión de Aylesbury. En ella, se suministraron a 231 jóvenes presos multivitaminas, minerales y ácidos grasos esenciales, lo que provocó que el número de delitos violentos registrados dentro de la propia prisión disminuyera en un 37%. El resto de los delitos también se redujo en un 26%.

 

 

 

 

 

 

preso

 

Un desgaste gradual de nuestros neurotransmisores

 
Las mismas hormonas que hacen que podamos ser felices, llevar a cabo los planes de nuestra vida o que comamos con moderación y sin ansiedad, regulan también nuestro comportamiento social y maternal, nuestra paciencia, nuestra agresividad y nuestros miedos, además de nuestro sueño y de nuestra ansiedad, son los neurotransmisores, entre los que se encuentran la serotonina y la dopamina.
  

neuronas

 
 
 
 
 
Los neurotransmisores son hormonas que modulan nuestro comportamiento emocional y son segregados por células y neuronas. Para segregar estos neurotransmisores es muy importante la presencia de ácidos grasos Omega 3.
 
Los ácidos grasos Omega-3 se encuentran en los pescados azules, el lino o las semillas de calabaza, los cañamones o las nueces, entre otros alimentos. Algunas investigaciones de hace años han demostrado que el consumo en grandes cantidades de estos ácidos grasos aumenta el tiempo de coagulación de la sangre, evitando las enfermedades cardiovasculares, y tiene efectos beneficiosos sobre el cerebro, disminuyendo los efectos de la depresión e incluso mejorando el rendimiento intelectual de niños en edad escolar.
 
Aunque no son los únicos nutrientes necesarios ni carenciales en nuestra dieta, si se ha hecho ya manifiesto que consumimos demasiados ácidos grasos Omega-6, presentes en todas las dietas ricas en grasas saturadas o con aceites de maíz, soja y girasol, y que estos están rompiendo el equilibrio necesario para un buen estado de salud en general y mental en particular.
 
El bajo consumo de pescado y el alto consumo de productos lácteos, alimentos azucarados, embutitos, bollería... está propiciando estos desajustes en nuestro comportamiento, formando personas con menos paciencia y con más irritabilidad. 

 

 

 

Azúcar y violencia infantil

 
En un estudio de 1983 en el que participaron 3.000 adolescentes presos, las meriendas se sustituyeron por elecciones más saludables que contenían alimentos refinados aligerados en azúcar. Durante el año en que se cambiaron las dietas, los incidentes violentos y antisociales disminuyeron casi a la mitad. También se dio una baja de un 21% de los comportamientos antisociales, un 100% de los suicidios, un 25% de las agresiones y un 75% del recurso a las detenciones. 
 
Otro científico, el británico Gesch, sacó conclusiones similares de un proyecto pilotodel año 1990 llamado South Cumbria Alternative Sentencing Options (SCASO). En aquel trabajo, los delincuentes menores que cometieron graves actos fueron sometidos a cantidad de pruebas para: las deficiencias vitamínicas y minerales; la presencia de metales tóxicos; el control de las bajas tasas de azúcar en la sangre; y un examen alimenticio individual. Resultó que los delincuentes habituales tenían varios problemas bioquímicos en común, particularmente la intolerancia a la glucosa y la deficiencia de zinc.
 
Asombrosamente, cada una de las personas del estudio manifestó una tolerancia anormal a la glucosa (hipoglucemia reactiva), un problema provocado por el consumo de azúcar, alimentos azucarados y estimulantes (tales como el café, el té y las colas), pero también los alimentos ricos en carbohidratos que no estén acompañados de proteínas. Las investigaciones mostraron que se trata de un problema común, entre los delincuentes habituales, la incapacidad de metabolizar correctamente la glucosa en la sangre. Cuando Gesch integró a los voluntarios en un programa de “rehabilitación nutricional”, su comportamiento mejoró. 

 

 

 

 

violencia